Las botas ortopédicas son un tipo de calzado especial pensado para ayudarnos a superar distintas dolencias o lesiones, así como un método para proporcionar la máxima comodidad posible durante la recuperación. Son muy útiles en caso de que tengamos problemas en nuestros pies debido a alguna patología crónica.
¿Para qué sirven las botas ortopédicas?
Este tipo de calzado ortopédico no solo es útil para corregir ciertos problemas o evitar que progrese un deterioro en la pierna o el pie. Asimismo, podemos hacer uso de él para mantenerlos cómodos, especialmente si hemos estado llevando unos zapatos molestos durante mucho tiempo y hemos sufrido una lesión a causa de ello.
Como las botas nos aportan comodidad, también consiguen que descansen nuestras piernas, sobre todo si padecemos de lesiones frecuentes o cierta hipersensibilidad derivada de enfermedades como la diabetes.
Con su empleo prolongado, la recuperación tiende a acelerarse, además de no ser un detonante de la pérdida muscular, como ocurre con la escayola o las simples vendas. Tienen la función de una prótesis, que facilita una mayor movilidad de nuestras extremidades inferiores con respecto al resto de opciones. Son muchas las personas que se ven obligadas a utilizarlas debido a que la escayola les molesta demasiado o no saben usar correctamente las muletas lo que puede agravar las lesiones existentes.
¿Qué tipos hay?
Existen diferentes tipos de botas ortopédicas pensadas para tratar diversos problemas. De esta forma, hallamos una bota corta, que llega hasta la pantorrilla a fin de garantizar una mejor sujeción en caso de no requerir una gran inmovilización. Ésta se usa, sobre todo, en los casos en los que hemos sufrido una lesión de tobillo. Por otro lado, la más larga preserva toda la pierna y logra una perfecta fijación en todo momento.

¿Qué dolencias tratan?
Las botas ortopédicas se utilizan ante diversos dolores o lesiones. Están las típicas fracturas, los juanetes, las recuperaciones después de una cirugía o como tratamiento ante problemas en tejidos blandos. Son idóneas para esguinces de tobillo y lesiones de ligamentos, y aptas para pacientes que sufren de úlceras epidérmicas.
Solucionan las fracturas distales, la lesión en el talón, la fascitis plantar y diversas fisuras óseas. Reducen el edema y equilibran de manera uniforme el peso corporal. Del mismo modo, son óptimas para tratar los espolones que tienden a salir en las plantas de los pies, reducen su avance y futuras complicaciones.
Por otro lado, son adecuadas para los pies de los diabéticos. Favorecen una pisada confortable y amortiguan el dolor del calzado tradicional.
En definitiva, los médicos recomiendan utilizar este producto de ortopedia siempre que el pie o la pierna requieran de una recuperación específica durante un periodo de tiempo indeterminado. Digamos que siguen un patrón similar al de las fajas lumbares y los dolores de espalda.
¿Cuándo llevarlas o cuándo quitárselas?
Como cada caso es diferente, por lo general, el especialista es el encargado de delimitar el tiempo que debemos llevarlas. Hay casos en los que el paciente puede descansar de sus botas mientras se da un baño o está durmiendo.
Sin embargo, hay situaciones en las que no es recomendable quitárselas, como en el tratamiento de una fractura o esguince. Debemos estar pendientes de ciertos cambios en nuestros pies o piernas, como una nueva hinchazón o la aparición de dolor intenso, para informar al experto acerca de la utilización de las botas ortopédicas.